20 de noviembre: El Día del Señor

Celebramos la Fiesta de Cristo Rey hoy y recordamos sus palabras: “Mi Reino no es de este mundo.” (Juan 8, 36) La meta de nuestra conversión es la entrada en el Reino. El buen ladrón (Lucas 23, 35-43) es ejemplo de la conversión a la que debemos aspirar. Muy pronto al ladrón se le concede el perdón y una gracia más abundante que su petición. Dios le concede más aún, aclarándole lo que realmente desea el corazón del suplicante. 

La petición del bandido y la respuesta del “Rey de los judíos” nos centra en la verdadera gracia y lo que es el Reino. La vida consiste en estar con Cristo, porque donde está Cristo allí está el Reino.

Jesús responde al ladrón: “estarás conmigo,” y no simplemente “estarás en el paraíso” o “en el Reino.” Si no se está con Él, si en tal reino no está Cristo mismo o no se está en unión con Él, nada tiene de paradisíaco. En este sentido, la escena Evangélica en Lucas 23 focaliza nuestra atención sobre la clave de toda salvación, es decir, la unión con Cristo. No es otra la misión de la Iglesia sino llevar a los hombres a Cristo, hacer que se adhieran a Él y reciban su gracia. Toda otra tarea eclesial es subsidiaria de esta. Del mismo modo, nuestras acciones, tanto piadosas como caritativas, deben tener esta meta y no otra. Que Cristo sea el Rey de nuestras vidas, no otro.

Esta y no otra es la forma en que hemos de entender el Reinado de Cristo. Un Reino que no ha llegado a su plenitud, pero ya está presente entre nosotros. Cristo debe reinar en las personas. No es un reino político, sino el poderío de Dios, por la fuerza del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones, que nos hace asemejarnos más y más a Cristo. ¡Gloria y alabanza a Él hoy y siempre!

Oremos. “Dios todopoderoso, que la gracia tu Hijo nos sustente y su amor sea nuestra alegría y esperanza para llevar a cabo la misión que se nos ha encomendado de establecer definitivamente su Reino. Ayúdanos a dar a cada persona lo que le es debido con respeto, dignidad, y justicia. Transfórmanos en constructores de paz y haz que nuestro amor sea generoso y humilde al servicio de todos, para que Jesucristo sea nuestro Rey y Señor, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.”

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